lunes, 17 de marzo de 2014

Oda a lo Pequeño


Ana Luz Chieffo                                 





Colección Botánica Ilustrada, Juego de las fichas
Si se reconociera en los sistemas filosóficos referentes al universo la parte que corresponde a la imaginación, se vería aparecer, un germen, un adjetivo. Se podría dar este consejo: para encontrar la esencia de una filosofía del mundo, buscad el adjetivo.    
Gastón Bachelard





En varias oportunidades tuve que explicar y justificar el porqué del título Pequeñas Colecciones, ante amables sugerencias que me indicaban que hablar de lo pequeño disminuía sus potencialidades y  futuro. Indudablemente era la voz del diccionario que acentuaba la falta.
En estas conversaciones, si bien mis interlocutores entendían mis razones, o al menos eso yo creía, concluían algo así como que era un título no marketinero, que no iba a contribuir a dimensionar su propósito, sino a minimizarlo.
Superando la incomodidad que me producían esas situaciones, traté de pensar porqué lo había elegido y porqué me resistía a cambiarlo (hubo quien me dijo que todavía estaba a tiempo…). Fue entonces que recordé que antes de que naciera como proyecto, compartí con una amiga mis deseos de armar algo que me permitiera seguir trabajando sin depender de la apertura del Centro de Arte donde habitualmente me desempeño. Explicando qué era lo que me imaginaba, le dije que tenía que ser algo que  pudiera realizar en distintos lugares, aún  en sitios que no fueran expositivos, donde llevaría obras de arte o acciones artísticas a partir de las cuales trabajaría con distintos públicos, creando con ellos producciones visuales. En un afán por hacer de mi explicación algo más visible, le dije que en esos encuentros, los visitantes armarían pequeñas colecciones. Al decirlo, sentí que esas dos palabras sintetizaban mi idea y que inmediatamente mi amiga entraba al mundo que yo le proponía. Fue como una llave que abrió la puerta de la imaginación compartida.  Luego escribí el proyecto y cuando tuve que titularlo, fue ella quien  me alentó a que le pusiera  Pequeñas Colecciones - “es un buen título y abre un espacio poético sugerente”-.


Más allá del diccionario:

A casi tres años de aquel comienzo y recibiendo aún ciertos cuestionamientos (siempre bien intencionados), quiero compartir algunas reflexiones sobre el inquietante mundo de lo pequeño.
El diccionario habla de lo pequeño en términos de falta, de lo reducido y limitado pero pequeñas también son las piedras preciosas, un delicioso bombón, las pastillas sanadoras de la farmacología o la homeopatía (según las convicciones personales), un licor exquisito o las  gotas de un perfume persistente.  
En el mundo literario, cómo olvidar el Pequeño Larousse ilustrado que nos acompañó durante la escolaridad o los libros de bolsillo, que nos permitieron acceder a títulos infaltables en un formato accesible y transportable (aún hoy celebro la colección “Breviarios” del Fondo de Cultura Económica).
Y los  gestos mínimos que por inesperados,  nos conmueven y emocionan.
En el mundo del arte, en los últimos tiempos  han aparecido micromuseos y miniexposiciones que suceden en espacios reducidos y alternativos, tales como vidrieras de una galería comercial y en vitrinas de distinto tipo. Son experiencias que desafían los lugares canónicos del arte y que buscan llegar a un público diferente no acostumbrado al arte ni a los museos.
Lo pequeño tiene también algo de infancia, de juguetes y de la mirada amplificadora del niño que ve en los detalles de las cosas, mundos nuevos.
Pequeñas Colecciones tiene algo de todos estos sentidos,  algo de acotado pero también algo de  valioso y  lúdico.


Colecciones bajo la lupa:       

Antes de seguir con lo pequeño, me detendré en el sustantivo “colecciones”,  ¿por qué emplear un  término tan propio de los museos para una muestra temporaria? (siete meses de exposición)

Colección Paisajes inspirados en la obra de Andy La Morticella/
 Colección número 2, Botánica Ilustrada
Si bien el título fue un punto de partida para nombrar algo nuevo, tuvo un principio de intuición que se fue confirmando y desplegando en la práctica. Al comienzo, colección era una forma diferente de llamar a una muestra colectiva (que reuniría la obra de varios artistas),  temática (mundo hogar, botánica ilustrada) e itinerante (recorrería distintos espacios de exhibición).
Nos guiaba un propósito comunicativo, difundir el  arte contemporáneo,  promover el trabajo artístico y la participación creativa de los distintos públicos. Para ello ofreceríamos al visitante un tema conocido, mediante el cual se asomara al mundo del arte contemporáneo, a su diversidad de miradas (románticas, reflexivas, formalistas, sensuales, críticas), modos de expresión,  soportes y procedimientos. Cada colección sería un recorrido a través de pinturas, objetos, instalaciones, fotografías, de las visiones de distintos artistas sobre el tema elegido.    
La colección debía ser pequeña pues para trasladarse,  tenía que entrar en el baúl de una camioneta mediana y en cada espacio de exhibición, ser desembalada y montada por sólo dos personas.
Desde el inicio, el título también apelaba al visitante pues durante las actividades educativas, los públicos de distintas edades crearían producciones visuales que formarían parte de la muestra. Esto último requería ser aceptado por la curadora ya que no es frecuente que las obras de arte convivan con obras que no son realizadas por artistas (algunos especialistas me han dicho que introducir una propuesta lúdica junto a la obra de arte,  contamina, confunde y traiciona la obra del artista). Una vez explicado el propósito, la curadora aceptó y se sumó al diseño de las propuestas participativas en sala. Un escollo menos.
Colección Herbarios de las cosas encontradas en la calle
realizados en la Biblioteca Popular Ambulante (bipa)/
Colección número 2, Botánica Ilustrada

Cuando las Pequeñas Colecciones estuvieron en marcha, el concepto de colección cobró nuevas significaciones. Nos encontramos que parte de las obras que elegíamos (dos o tres de cada artista)  integraban colecciones o series de esos artistas (la serie Doméstica de María Laura Vázquez, la serie Retratos de Familia de Ornella Tarzia, la serie Mujeres Salvajes de Julieta Anaut, entre otras). Y así la Pequeña Colección  se armaba con partes de otras colecciones, con obras que salidas de su contexto de origen, adquirían otras resonancias al formar parte del nuevo agrupamiento. Además en ocasiones, elegimos obras de artistas coleccionistas, no desde el punto de vista del coleccionista inversor, sino del artista que colecciona objetos o materiales a partir de los cuales construye su obra (electrodomésticos de juguete, suelas, mapas, materiales encontrados en la calle, etc).
La itinerancia fue otro de los aspectos que nos llevó a tomar decisiones que también pusieron en juego el concepto de colección, ya que la colección pequeña en cuanto a cantidad, pasó a ser cambiante por su adaptación al espacio físico, por la participación del visitante y por las características geográficas y patrimoniales de los centros de exposición.
Cada lugar de exhibición exigió un reordenamiento de las obras (cambios en el diseño de montaje). La colección se agrandaba o achicaba según el tamaño de las salas, obras que no se exhibían y otras que se reemplazaban pues el artista acordaba cambiar su obra por otra realizada especialmente para ese sitio (Karina Quinteros, Nelda Ramos).
La participación de los visitantes fruto de las actividades educativas, fue dando lugar a pequeñas colecciones que generaron distintas vinculaciones con las obras  expuestas, desde las más literales respecto a la obra “inspiradora”, pasando por las realizadas  en forma automática sin ponerle “corazón” (las menos),  hasta las producciones más elaboradas que expresaban opiniones personales y  creatividad. Por otro lado, aplicando el concepto al plano imaginario, resultaba evidente que el visitante vinculaba lo que veía con sus colecciones personales de obras de arte, relatos y  experiencias.
Otro capítulo fue la búsqueda de espacios de exhibición, tarea que tiene sus complicaciones pero también grandes satisfacciones cuando encontramos lugares y equipos de trabajo con los cuales  poder llevar adelante una tarea conjunta. En este recorrido encontramos que algunos espacios de exhibición, podían relacionarse con la temática de la muestra (Botánica Ilustrada en la Casa Thays del Jardín Botánico y en el Museo Argentino de Ciencias Naturales) y en estos casos,  la colección se activaba con los nuevos sentidos que el lugar y su patrimonio ofrecían. Por otra parte, las distintas  locaciones  y entornos socioculturales de los sitios de muestras, determinaron diversidad de públicos y respuestas. Podríamos decir que la colección en su itinerancia por los barrios de Palermo, Barracas, Mataderos, Parque Avellaneda y Caballito, creó un pequeño mapeo de prácticas y consumos culturales de la ciudad.

Lo grande y  lo pequeño:

Cuando pensamos en  lo pequeño inmediatamente aparece su opuesto, el juego dialéctico de lo grande y lo pequeño en cuanto a dimensiones y calidad. En estos términos, las pequeñas colecciones resultan pequeñas porque el número de sus obras es acotado y abiertas o  grandes,  porque albergan las obras de los visitantes en un número indeterminado. En cuanto al tamaño además, se proponen como microcosmos, pequeños mundos concentrados y abarcables que refieren a un tema particular.
Si hablamos de calidad artística, son obras  cuidadosamente elegidas por sus valores estéticos pero no por su valor económico o por el posible lugar de reconocimiento de su autor. Los artistas expositores en su mayoría son jóvenes talentosos que están haciendo su camino en el circuito del arte local.
A esta altura de mis reflexiones, creo oportuno volver al consejo de Gastón Bachelard, algo de la esencia imaginaria de estas "Pequeñas Colecciones",  se encuentra en el adjetivo. Y advierto así que la metáfora de lo pequeño alude también a aquello que va a crecer, que tiene algo de semilla, entonces ¿las pequeñas colecciones pueden ser un germen para la creación poética del visitante?.
El mismo Bachelard habla además de ver lo grande en lo pequeño, entonces las pequeñas colecciones, sin la ambición de las grandes colecciones de los museos, pueden ser una “muestra” de  la pluralidad del arte contemporáneo y del tema elegido, ¿son por ello grandes en lo pequeño?

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